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martes, 19 de febrero de 2013

El frotar se va a acabar

       He sobrevivido a mis primeras coladas aquí, ¡yujuuu! Cuando os hablé de mi situación actual olvidé comentaros que no es sólo la cocina lo que comparto con demasiadas personas. Y es que en la residencia universitaria donde vivo ahora no tenemos lavadoras dentro de los pisos, sino que hay unas lavanderías comunitarias. En algunas residencias hay sólo una, mientras que en otras hay varias, dependiendo de los habitantes que haya (concretamente en la mía, Kringsjå, hay seis).


       Así es como funciona el tema: cuando me mudé aquí me entregaron, junto con las llaves, una tarjeta que tengo que ir recargando con una cantidad de entre 50 y 1000kr. para hacer la colada. Cada vez que quiero utilizar la lavandería tengo que hacer una reserva previa por internet, aunque también se puede probar suerte e ir sin reservar; yo, por si acaso, lo hago. Para ello, tengo que entrar en la página web de SiO (me reservo la explicación de qué es el misterioso ente SiO hasta la siguiente entrada) y seleccionar la lavandería a la que quiera ir y la lavadora que quiera utilizar. Una vez hecho esto, acudo a la hora reservada con mi tarjeta de lavandería que, cual pase VIP, me permite la entrada en portales ajenos siempre que estos alojen una lavandería. Ya dentro, introduzco la misma tarjeta en la lavadora o secadora que tenga reservada, pago y a lavar. 

A mí este sistema me parecía muy complicado, pero la primera vez que lo hice ya le cogí el punto. Yo es que, entre la imaginación que tengo y las películas que he visto, me monto unos escenarios maravillosos, y en cuanto entré en aquella sala y percibí el zumbido de las lavadoras, el olor a ropa limpia y vi las hileras de lavadoras y secadoras, empecé a entrar en modo lavandería del Bronx, que hasta me dieron ganas de ponerme unos pitillos, un pañuelo en la cabeza y sentarme en mi lavadora a pintarme las uñas (de rojo, por supuesto) mientras terminaba. Pero, haciendo un gran esfuerzo, mantuve la compostura y volví a subir a casa, aunque tuve que volver dos veces más, una para cambiar la ropa a la secadora y otra para recoger mi colada limpia y seca.

El precio varía un poco...
Por cierto, detalle importante: aquí, de forma oficial, los cestos de la ropa sucia son bolsas de Ikea, eso está estipulado casi por ley. Debajo de cada lavadora en funcionamiento, encontraréis invariablemente una gigantesca bolsa azul de Ikea. Yo, como todavía no había tenido oportunidad de hacerme con una de esas piezas fundamentales de mobiliario, me llevo la bolsa más grande que tengo: la del Carrefour (la que no se biodegrada camino de casa). Y resulta que un par de españoles que también viven aquí me reconocieron por la calle gracias a la dichosa bolsa. Otra seña identificativa típicamente española, junto con los forros polares del Decathlon. De alguna forma hay que marcar la diferencia.